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	<title>BuenoBuenoBueno</title>
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	<description>Productos 100% hechos en España</description>
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	<title>BuenoBuenoBueno</title>
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		<title>Un martes a las once: así se sabe si tu mercado todavía es un mercado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Cardones]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Sep 2026 09:40:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vino Español]]></category>
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					<description><![CDATA[Medio España vuelve a su mercado de barrio y se encuentra la mitad de las persianas bajadas y tres bares llenos. Cómo se reparte hoy la compra de fresco, qué está pasando en las redes municipales de Madrid y Barcelona, y un método sencillo para distinguir un mercado de comprar de uno de tapear.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Una amiga volvió a Madrid en junio, después de ocho años en Berlín, con una lista mental que había ido escribiendo en el metro de Kreuzberg: boquerones, un pollo de corral, tomate que huela a tomate. Fue directa al mercado de su barrio, el mismo al que la mandaban con el carro a los diez años. Martes, once de la mañana. Se encontró la mitad de los puestos con la persiana bajada, la pescadería del fondo convertida en una barra de vermú que todavía no había abierto, y un señor barriendo. A las doce y media, eso sí, dos de los bares del pasillo central estaban a tope.</p>
<p>Salió con una pregunta razonable: ¿esto se está muriendo o simplemente se ha vuelto otra cosa?</p>
<h2>Dónde compra España el fresco, en euros</h2>
<p>El Ministerio de Agricultura publica cada año un <a href="https://www.mapa.gob.es/es/alimentacion/temas/consumo-tendencias/panel-de-consumo-alimentario/">panel de consumo alimentario</a> que reparte el gasto de los hogares por canal, y el dibujo lleva años siendo el mismo. El supermercado y el autoservicio se llevan casi la mitad de todo lo que gastamos en comida. La tienda tradicional, que es donde entran las carnicerías, pescaderías y fruterías de mercado, ronda uno de cada diez euros. La compra de comida por internet, que en 2020 parecía que iba a arrasar, sigue moviéndose en cifras pequeñas: un puñado escaso de puntos porcentuales.</p>
<p>Ahora el matiz que cambia la lectura. Ese 10% es la media de todo, incluyendo el papel de cocina y las galletas, que evidentemente nadie compra en el puesto de Ángel. Si te vas solo al fresco, la foto se endereza: en pescado la tienda especializada sigue quedándose alrededor de una cuarta parte de lo que compran los hogares, y en carne y en fruta el porcentaje también es bastante mayor que la media. Es decir, el mercado no ha perdido la guerra entera. Ha perdido la de la compra grande y semanal, esa del carrito de cuatro ruedas y las bolsas de arroz, y aguanta razonablemente bien la del producto que hay que mirar a la cara antes de comprarlo.</p>
<h2>Los edificios siguen ahí; la duda es qué hay dentro</h2>
<p>Madrid mantiene una red de más de cuarenta mercados municipales repartidos por los distritos. Barcelona gestiona cerca de cuarenta a través de su <a href="https://www.mercatsbcn.cat/es">Institut Municipal de Mercats</a>, y presume de ello con razón: es una de las redes de mercados públicos más densas que hay en Europa. Ninguna de las dos ciudades ha demolido su parque de mercados. Lo que ha pasado es más silencioso y por eso cuesta más verlo: los puestos se van quedando sin relevo.</p>
<p>El patrón se repite en casi todos. El titular tiene sesenta y muchos, lleva cuarenta años levantando la persiana a las seis, sus hijos estudiaron otra cosa, y cuando se jubila el puesto se queda vacío o lo coge alguien con un modelo de negocio distinto. Cuando eso pasa en tres o cuatro puestos seguidos, el mercado deja de tener surtido completo. Y en el momento en que ya no puedes hacer la compra entera ahí, dejas de ir del todo, porque nadie hace dos paradas. Ese es el mecanismo, y va bastante más rápido que cualquier plan municipal de dinamización.</p>
<h2>Las dos salidas: taburete o carro</h2>
<p>Ante el hueco, las ciudades han probado dos caminos, y conviene no confundirlos porque dan resultados muy distintos.</p>
<p>El primero es el gastromercado. Puestos de degustación, cerveza artesana, taburete alto, horario largo y una clientela que llega andando desde el hotel. Funciona como negocio, salva el edificio y llena de gente un espacio que estaba vacío. También sube el precio del metro cuadrado dentro del mercado hasta que ninguna pescadería puede pagarlo, y en algún caso ha hecho falta que el ayuntamiento intervenga para que el sitio siga siendo transitable: en La Boquería de Barcelona se limitó hace años la entrada de grupos turísticos grandes en las horas de compra, precisamente porque los vecinos ya no podían llegar al mostrador.</p>
<p>El segundo camino es menos fotogénico y a mí me parece más interesante: el mercado de proximidad reforzado. Se mete un supermercado como ancla en una planta, se arregla el aparcamiento, se monta reparto a domicilio del propio mercado, se abre por la tarde, y se pide a los puestos que vendan también preparado. Sant Antoni, en Barcelona, reabrió en 2018 después de nueve años de obras con esa lógica de mercado de barrio del siglo XXI. San Fernando, en Lavapiés, tiró de mezcla rara de puestos, librería y vecinos organizados. Vallehermoso hizo su propia combinación de mostrador y cocina. Ninguno es un museo del fresco, pero en todos ellos puedes salir con la cena hecha y con la merluza cruda.</p>
<h2>El test de las once de un martes</h2>
<p>Si vuelves de fuera y quieres saber en dos minutos qué tienes delante, ve un día laborable a media mañana. Sábado a la una no vale: ese día parecen todos vivos.</p>
<table>
<thead>
<tr>
<th>Lo que ves</th>
<th>Mercado de comprar</th>
<th>Mercado de tapear</th>
</tr>
</thead>
<tbody>
<tr>
<td>Persianas</td>
<td>Casi todas subidas entre semana</td>
<td>Bajadas hasta la hora del aperitivo</td>
</tr>
<tr>
<td>Pescadería</td>
<td>Al menos una, con hielo y con cola</td>
<td>Ninguna, o una vitrina de ostras</td>
</tr>
<tr>
<td>Precios</td>
<td>Por kilo, en cartel escrito a mano</td>
<td>Por ración, en pizarra y en inglés</td>
</tr>
<tr>
<td>Carros y cestas</td>
<td>De cuadros, arrastrando</td>
<td>Mochilas y maletas de cabina</td>
</tr>
<tr>
<td>Trato</td>
<td>Te llaman por tu nombre y te guardan cosas</td>
<td>Te preguntan si quieres carta</td>
</tr>
<tr>
<td>Servicios</td>
<td>Reparto a casa, encargos por teléfono</td>
<td>Reservas y música en directo</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Hay mercados que sacan sobresaliente en las dos columnas a la vez, y son los que mejor están envejeciendo. Lo que no existe es el que solo tiene la columna de la derecha y sigue llamándose mercado por inercia.</p>
<p>A mi amiga le dije que probara otra vez, pero un jueves y a las nueve y media. Volvió con boquerones, con un pollo que le prepararon en dos mitades sin cobrarle nada por ello y con el teléfono del frutero apuntado en el móvil, para pedirle la caja del sábado. El puesto de vermú seguía cerrado a esa hora. Los dos caben, mientras haya alguien detrás del mostrador que sepa qué barco ha entrado esta mañana.</p>
]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>¿Qué significaba «mezcla de mieles de la UE y no UE» y qué obliga a poner ahora la etiqueta?</title>
		<link>https://buenobuenobueno.com/mezcla-de-mieles-ue-y-no-ue-que-significa-etiqueta/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Cardones]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Sep 2026 07:12:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vino Español]]></category>
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					<description><![CDATA[Durante veinte años el tarro pudo esconder el origen tras una fórmula genérica que casi siempre quería decir miel china barata. Desde junio de 2026 la etiqueta tiene que cantar los países uno a uno y con su porcentaje.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Le das la vuelta al tarro del súper y lees <em>«mezcla de mieles de la UE y no UE»</em>. Esa frase quería decir que el envasador no tenía obligación de contarte de dónde venía nada, y en la práctica la mayor parte solía ser miel china muy barata. Desde el 14 de junio de 2026 la etiqueta debe listar los países de origen de mayor a menor, con su porcentaje.</p>
<p>La fórmula venía de la Directiva 2001/110/CE, una de las llamadas «directivas del desayuno» (miel, mermeladas, zumos, leche deshidratada). Aquel texto permitía cuatro etiquetados de origen: país concreto, «mezcla de mieles UE», «mezcla de mieles no UE» y el comodín «mezcla de mieles UE y no UE». La revisión es la Directiva (UE) 2024/1438, de 14 de mayo de 2024, que los Estados miembros tenían que estar aplicando el 14 de junio de 2026.</p>
<h2>¿Por qué esa fórmula acababa significando miel china?</h2>
<p>Porque el comodín se usa cuando mezclas orígenes, y cuando mezclas orígenes normalmente es para bajar el precio. La UE importa cada año en torno a 150.000 toneladas de miel y China es su primer proveedor con diferencia; esa miel entra por la frontera a un precio que en los últimos años se ha movido por debajo de los 2 euros el kilo, según los datos de comercio de la Comisión. Con esa cifra no compites: sirve para rebajar la media de un lote y colocar un tarro de un euro y pico en el lineal.</p>
<p>El envasador no mentía. Cumplía la norma al pie de la letra. Lo que hacía la norma era permitir que el 90 % de China y el 10 % de Extremadura se contasen igual que al revés.</p>
<h2>¿Qué obliga a poner la etiqueta desde junio de 2026?</h2>
<ul>
<li><strong>Todos los países de cosecha</strong>, no una zona genérica, en el mismo campo visual que la denominación del producto.</li>
<li><strong>En orden descendente de peso</strong>, del que más aporta al que menos.</li>
<li><strong>Con el porcentaje de cada uno.</strong> Los Estados miembros pueden permitir que solo se indiquen los porcentajes de los cuatro orígenes mayoritarios cuando entre ellos superen el 50 % de la mezcla.</li>
<li><strong>Excepción para envases pequeños</strong>: en las monodosis de menos de 30 gramos (las del desayuno del hotel) se admite el código de dos letras del país.</li>
<li>La directiva encarga además a la Comisión trabajar en <strong>métodos armonizados de detección del fraude</strong> y en un sistema de trazabilidad desde la colmena. El texto completo está en <a href="https://eur-lex.europa.eu/eli/dir/2024/1438/oj">EUR-Lex</a>.</li>
</ul>
<p>Hay stock antiguo circulando: los tarros etiquetados antes de la fecha se pueden vender hasta agotar existencias. Si ves todavía el «UE y no UE», es un envase viejo.</p>
<h2>¿Qué es la miel adulterada con jarabes y cómo se detecta?</h2>
<p>Adulterar miel es añadirle jarabes de azúcar baratos —de caña, de maíz, de arroz, de remolacha, de trigo— o alimentar a las abejas con jarabe en plena floración para que produzcan un líquido que ya no es miel. También cuenta cosechar néctar sin madurar y secarlo con máquinas.</p>
<p>El dato más contundente que existe sobre esto lo publicó en 2023 el Centro Común de Investigación de la Comisión junto a la OLAF, en la operación <em>From the Hives</em>: de 147 muestras tomadas en frontera, el 46 % resultó sospechoso de llevar azúcares añadidos. En las que venían de China la proporción de sospechosas subía al 74 %, y en las de Turquía al 93 %.</p>
<p>Se pilla por capas, y ahí está la carrera armamentística: el análisis clásico de isótopos de carbono caza los jarabes de caña y maíz (plantas C4), pero no los de arroz o remolacha (C3), que son justamente los que se usan ahora. Para esos hacen falta técnicas de cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas de alta resolución, que buscan oligosacáridos marcadores que la abeja no fabrica, o resonancia magnética nuclear para comparar el perfil completo contra bases de datos de miel auténtica. El polen sigue sirviendo para el origen botánico y geográfico, salvo cuando la miel se ha ultrafiltrado para quitárselo.</p>
<h2>¿Cuánto le queda al apicultor español?</h2>
<p>España es el primer productor de miel de la UE y el país con más colmenas, alrededor de 2,7 millones según el Ministerio de Agricultura, con una producción que ronda las 30.000 toneladas anuales y que la sequía ha castigado en varias campañas recientes. El precio en origen de la milflores a granel se ha movido en los últimos años en una horquilla de entre 3 y 4,5 euros el kilo según lonjas y organizaciones agrarias, mientras las mismas organizaciones sitúan el coste de producción por encima de los 4 euros. Contra una importación de menos de 2, la cuenta no sale, y por eso el censo de profesionales lleva años encogiendo.</p>
<p>El porcentaje obligatorio en la etiqueta no cambia el precio de la miel china. Cambia quién carga con la comparación: hasta ahora el consumidor comparaba dos tarros creyendo que eran lo mismo.</p>
<h2>¿Qué miro en el tarro cuando estoy delante del lineal?</h2>
<table>
<thead>
<tr>
<th>Lo que pone</th>
<th>Qué significa</th>
</tr>
</thead>
<tbody>
<tr>
<td>«España 100 %» o «España 70 %, Uruguay 30 %»</td>
<td>Origen real de cosecha. Es el dato que manda.</td>
</tr>
<tr>
<td>«Envasado en España» / «Elaborado en España»</td>
<td>Solo dice dónde se llenó el tarro. No es origen.</td>
</tr>
<tr>
<td>«Miel de azahar», «de romero», «de brezo»</td>
<td>Monofloral: predominio de esa flor, verificado por análisis de polen, sabor y parámetros físico-químicos. La norma española es el Real Decreto 1049/2003.</td>
</tr>
<tr>
<td>«Miel cruda»</td>
<td>No es una categoría legal. Apunta a que no se ha pasteurizado, pero no lo garantiza nadie salvo el productor.</td>
</tr>
<tr>
<td>«Miel para uso industrial» o «de repostería»</td>
<td>Categoría inferior admitida por la norma: puede tener sabor extraño o haber empezado a fermentar.</td>
</tr>
<tr>
<td>Cristalizada, con grumos</td>
<td>Comportamiento normal de casi toda miel auténtica. La que nunca cristaliza suele estar muy calentada o filtrada.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Los límites legales que separan una miel viva de una recalentada están en el anexo de la propia norma y se pueden pedir al vendedor: humedad máxima del 20 % (23 % en la de brezo), hidroximetilfurfural máximo de 40 mg/kg —sube cuanto más calor y más tiempo lleva almacenada— y actividad diastásica mínima de 8 en la escala Schade, que es el enzima que la abeja aporta y el calor destruye.</p>
<p>Si quieres saltarte el análisis de etiqueta, en España hay cinco denominaciones de origen protegidas de miel —La Alcarria, Granada, Tenerife, Villuercas-Ibores y Liébana— y la indicación geográfica Miel de Galicia. Ahí el origen viene con consejo regulador detrás. Y luego está la vía de siempre: el apicultor del pueblo, que te dice de qué monte bajó el camión.</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>¿Por qué España exporta más vino que nadie y lo cobra a menos de la mitad que Italia?</title>
		<link>https://buenobuenobueno.com/por-que-espana-exporta-mas-vino-que-nadie-y-lo-cobra-mas-barato/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Cardones]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Sep 2026 17:25:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vino Español]]></category>
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					<description><![CDATA[España manda fuera más litros de vino que ningún otro país del mundo y los cobra a menos de la mitad que Italia. La explicación cabe dentro de un camión cisterna: adónde va ese vino, quién lo embotella y qué tiene que ver todo eso con lo que pagas por un tinto en el súper.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Porque más de la mitad del vino que España manda fuera sale <strong>a granel</strong>: en camión cisterna, sin etiqueta y por debajo de un euro el litro. Lo embotellan y lo mezclan en Francia, Alemania, Italia o Portugal, y allí se le pone el precio de venta. España vende litros; el margen se lo queda quien pone la botella.</p>
<h2>¿Cuánto vino exporta España y a qué precio exactamente?</h2>
<p>Las cifras bailan con cada cosecha, pero el orden lleva veinte años sin moverse: España y Italia se pelean el primer puesto en volumen, Francia va tercera con mucha diferencia, y en dinero el podio se da la vuelta por completo.</p>
<table>
<thead>
<tr>
<th>País</th>
<th>Volumen exportado (aprox.)</th>
<th>Valor (aprox.)</th>
<th>Precio medio por litro</th>
</tr>
</thead>
<tbody>
<tr>
<td>España</td>
<td>21 millones de hectolitros</td>
<td>3.000 millones de euros</td>
<td>en torno a 1,4 €</td>
</tr>
<tr>
<td>Italia</td>
<td>21-22 millones de hectolitros</td>
<td>7.800 millones de euros</td>
<td>en torno a 3,6 €</td>
</tr>
<tr>
<td>Francia</td>
<td>13-14 millones de hectolitros</td>
<td>11.500 millones de euros</td>
<td>en torno a 8 €</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Cifras redondeadas de los últimos ejercicios cerrados, según el <a href="https://www.oemv.es">Observatorio Español del Mercado del Vino</a> y la <a href="https://www.oiv.int">Organización Internacional de la Viña y el Vino</a>. Traducido: Francia exporta poco más de la mitad de litros que España y se lleva casi cuatro veces más dinero.</p>
<h2>¿Qué es eso del vino a granel?</h2>
<p>Es vino terminado que viaja sin envasar. Sale de la bodega o de la cooperativa por una manguera, entra en una cisterna de acero inoxidable de unos 26.000 litros y cruza la frontera como quien lleva aceite o leche. No hay botella, ni corcho, ni cápsula, ni etiqueta, ni caja, ni marca. Solo vino y un albarán.</p>
<p>Ese vino se paga a precio de materia prima. En las campañas normales se mueve entre los 40 y los 60 céntimos el litro; en las malas ha bajado de ahí. El vino español que sale embotellado se cobra a un múltiplo de eso. La mezcla de ambos da ese precio medio de 1,4 € que sale en las tablas y que tanto escuece cuando se compara con Francia.</p>
<ul>
<li><strong>Granel:</strong> alrededor de la mitad del volumen exportado, pero muy por debajo del 15% del valor.</li>
<li><strong>Embotellado:</strong> mucho menos volumen y la mayor parte del dinero.</li>
<li><strong>Espumosos:</strong> capítulo aparte, con el cava tirando del carro en valor.</li>
</ul>
<h2>¿Adónde va ese vino y en qué acaba convertido?</h2>
<p>Los cuatro grandes compradores de granel español son <strong>Francia, Alemania, Italia y Portugal</strong>. Francia lleva décadas siendo el primero, y no precisamente porque le falte viñedo: le sale más barato comprar litros fuera para las gamas bajas y dedicar los suyos a lo que se vende caro.</p>
<p>Una vez allí, ese vino puede terminar en varios sitios:</p>
<ul>
<li>Embotellado como vino genérico del país comprador o como <em>vino de la Unión Europea</em>. La normativa comunitaria permite etiquetar una mezcla de vinos de varios países sin nombrar ninguno, así que el consumidor alemán o francés no tiene por qué enterarse de que está bebiendo Castilla-La Mancha.</li>
<li>Como base de <strong>sangrías, vermús y aromatizados</strong>.</li>
<li>Como materia prima para <strong>vinagres</strong> y para <strong>alcohol vínico</strong>.</li>
<li>Mezclado con producción local para corregir grado, color o acidez.</li>
</ul>
<h2>¿Qué zonas viven de esto?</h2>
<p>Castilla-La Mancha, sobre todo. España tiene el mayor viñedo del planeta —cerca de 940.000 hectáreas, según el Ministerio de Agricultura— y aproximadamente la mitad está ahí. La DO La Mancha es la denominación de origen más extensa de Europa, y la airén, esa uva blanca de la que casi nadie habla, fue durante años la variedad blanca más plantada del mundo por superficie.</p>
<p>Es un viñedo de secano, con poca agua, rendimientos bajos por cepa y muchísimas hectáreas. La estructura es cooperativa: miles de socios pequeños que entregan uva y una bodega que vende el vino resultante donde puede. Cuando la campaña viene mal y la uva se paga a céntimos el kilo, salen los tractores a la carretera. Ha pasado varias veces en la última década.</p>
<h2>¿Y las denominaciones de origen no hacen nada?</h2>
<p>Hacen la única cosa que ha demostrado funcionar: obligar a embotellar en origen. Si el vino no puede salir de la zona a granel, no hay forma de que otro se lleve el margen del envasado.</p>
<p>Rioja fue la primera en imponerlo y se lo discutieron en Bruselas durante años, hasta que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea le dio la razón en 2000 (asunto C-388/95): embotellar dentro de la zona forma parte de la protección de la denominación. Cava, Ribera del Duero, Rías Baixas y buena parte de las demás funcionan igual. El efecto se ve en el precio medio: los vinos con denominación se cobran a varios euros el litro; el granel sin indicación geográfica, a céntimos.</p>
<p>La pelea de la última década en La Mancha va justo de eso: pasar hectáreas de granel anónimo a vino con nombre, con embotellado propio y con marca. Va despacio, porque montar una línea de embotellado y una red comercial cuesta bastante más que llenar una cisterna.</p>
<h2>Entonces, ¿por qué me cuesta seis euros un tinto español que está bien?</h2>
<p>Porque en esos seis euros el vino es la parte pequeña. Un desglose aproximado de una botella de supermercado:</p>
<ul>
<li><strong>IVA (21%):</strong> algo más de un euro.</li>
<li><strong>Impuesto especial:</strong> cero. España aplica tipo cero al vino tranquilo. En Reino Unido o Irlanda, solo ese impuesto se lleva más de dos libras o dos euros por botella.</li>
<li><strong>Envase</strong> (botella, tapón, cápsula, etiqueta, caja): entre 50 y 90 céntimos, y subiendo desde la crisis energética por el precio del vidrio.</li>
<li><strong>Margen de la tienda y de la distribución:</strong> el trozo grande de lo que queda.</li>
<li><strong>El vino:</strong> lo que sobra.</li>
</ul>
<p>Ahí está la respuesta práctica para el que compra. Un país con el viñedo más grande del mundo, con costes de producción bajos y con la mitad de su vino cotizando como materia prima tiene un suelo de precio que ni Francia ni Italia pueden tocar. Por eso en España se encuentra vino correcto a cuatro euros y en Burdeos no. Y por eso, cuando pagas doce en vez de seis, casi todo lo que estás pagando de más es el vino, no la botella.</p>
<p>Si quieres verlo con tus propios ojos, mira la contraetiqueta de lo que tengas en casa. Si pone denominación de origen y una dirección de embotellador dentro de esa zona, ese vino ha salido de España ya vestido. Si pone <em>vino de España</em> a secas, o directamente <em>producto de la Unión Europea</em>, es probable que haya viajado en cisterna.</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Seis semanas para vender todo el año: así se juega Jijona la Navidad desde febrero</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Cardones]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Sep 2026 15:05:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vino Español]]></category>
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					<description><![CDATA[En Jijona el año se decide en dos ventanas: la flor del almendro en febrero y las seis semanas que van de noviembre a Reyes. Entre medias, un pueblo entero se inventa maneras de que el calendario no lo ahogue.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>A mediados de febrero, cuando el turrón que sobró de Navidad lleva semanas en la balda de las rebajas y ya nadie lo mira, hay gente en Jijona pendiente del parte del tiempo. No por afición. En las laderas de la sierra los almendros están en flor, que es lo bonito y lo peligroso a la vez: tres madrugadas de helada en esa ventana se llevan por delante media cosecha de agosto. Y la cosecha de agosto es el turrón de diciembre.</p>
<p>Ahí está lo primero que descoloca de este pueblo de poco más de siete mil vecinos: el negocio de Nochebuena se juega en flores de invierno, con diez meses de antelación y sin que nadie pueda hacer gran cosa al respecto salvo mirar.</p>
<h2>El pueblo que trabaja en otoño</h2>
<p>Si uno se pasea por el polígono de Jijona en mayo, aquello parece una ciudad dormida. Naves cerradas, muelles de carga vacíos, aparcamientos con cuatro coches. En septiembre empieza a oler distinto: almendra tostada, un olor denso que se pega a la ropa y que en el pueblo se reconoce a doscientos metros. A partir de ahí, y hasta primeros de enero, las fábricas trabajan a turnos.</p>
<p>El proceso no ayuda a repartir el trabajo. La almendra Marcona se tuesta, se mezcla con la miel y el azúcar cocidos, y esa masa se muele hasta convertirla en una pasta fina. Después llega el <em>boixet</em>, el molino de piedra que amasa la pasta en caliente durante un buen rato hasta sacarle el aceite a la propia almendra. Ese aceite es el que da al turrón de Jijona la untuosidad que tiene y el que hace que se deshaga en la boca en vez de crujir. No hay atajo químico que lo sustituya, y por eso el calendario manda: se hace cuando toca venderlo.</p>
<blockquote>
<p>Un fabricante de galletas vende doce meses. Un turronero de Jijona vende seis semanas y luego se pasa el resto del año pagando la nómina de esas seis semanas.</p>
</blockquote>
<p>Encima, la materia prima se compra cara y de golpe. La Marcona es la almendra española de referencia, redonda, dulce y con mucha grasa, y también una de las más caras del mundo. Cuando la campaña viene corta —heladas, sequía, poca agua para el riego de apoyo— el precio sube en verano y el turronero ya no puede repercutirlo: los lineales de los supermercados se negocian meses antes de que llegue el primer camión. La miel juega el mismo papel, con la complicación añadida de que el sector apícola español lleva años dando disgustos.</p>
<h2>Los turroneros que se inventaron el verano</h2>
<p>Aquí viene la parte que a mí más me gusta, porque es un caso de manual de gente resolviendo un problema con las manos. En Jijona llevan generaciones sabiendo que medio año no se vende turrón. La solución no la trajo un consultor: los propios turroneros cargaban el carro en primavera y se iban por España a vender horchata y helado. Volvían en septiembre a encender los tostaderos.</p>
<p>De ahí salieron un montón de heladerías clásicas repartidas por media península, muchas con apellidos jijonencos en el rótulo. Y de ahí sale también que el sabor de turrón sea uno de los grandes del helado español, cosa que en otros países no entienden del todo. No fue una idea de marketing, fue una manera de comer todo el año.</p>
<h2>Qué pide de verdad el sello</h2>
<p>Conviene distinguir dos cosas que en el súper se confunden a propósito. Una es el <strong>turrón blando</strong>, un nombre genérico que puede llevar la almendra que le apetezca al fabricante. Otra es la <strong>IGP Jijona</strong>, que es una norma con inspectores detrás.</p>
<p>El reglamento de la denominación reconoce dos categorías. La <em>Suprema</em> no baja del 60% de almendra sobre el producto terminado; la <em>Extra</em> se queda algo por encima de la mitad. Y el resto no es relleno cualquiera: la miel es obligatoria, no un adorno. Su hermano, el <strong>Turrón de Alicante</strong>, es el duro, el de la almendra entera pegada con miel y clara de huevo, la tableta que uno parte a golpes y que también tiene su propio mínimo de almendra.</p>
<table>
<thead>
<tr>
<th></th>
<th>IGP Jijona</th>
<th>Turrón blando sin sello</th>
</tr>
</thead>
<tbody>
<tr>
<td>Almendra</td>
<td>Mínimo fijado por reglamento, Marcona como referencia</td>
<td>Sin mínimo obligatorio, variedad libre</td>
</tr>
<tr>
<td>Miel</td>
<td>Obligatoria</td>
<td>Puede no llevar</td>
</tr>
<tr>
<td>Control</td>
<td>Consejo regulador y auditorías</td>
<td>Solo la norma general de etiquetado</td>
</tr>
<tr>
<td>Textura</td>
<td>Se deshace por el aceite de la propia almendra</td>
<td>Suele apoyarse en otras grasas y jarabes</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>La prueba doméstica es de pobre pero funciona: se deja media hora la tableta a temperatura ambiente y se mira el corte. El de verdad suda un poco de aceite y se rompe blando; el otro se queda como un ladrillo pálido y deja la boca pastosa.</p>
<h2>Sacarle al calendario unas semanas más</h2>
<p>Las fábricas de Jijona llevan tiempo intentando estirar el año, con más o menos suerte:</p>
<ul>
<li><strong>Formatos de bolsillo.</strong> Bombones, barritas y monodosis que se pueden vender en marzo sin que parezca que uno está celebrando la Navidad a destiempo.</li>
<li><strong>Cremas y untables.</strong> La pasta de Jijona da un producto que funciona el año entero, y de paso aprovecha almendra que no llega a tableta.</li>
<li><strong>Helado y postres.</strong> El camino viejo de los abuelos, ahora con acuerdos industriales en vez de carro.</li>
<li><strong>El hemisferio sur.</strong> En Argentina, Chile o Australia diciembre cae en pleno verano, así que el turrón compite allí en formato helado o de bocado más que como tableta de sobremesa. También pesa la colonia española y latinoamericana, que compra por nostalgia y compra bien.</li>
</ul>
<p>Ninguna de esas patas cambia la foto: el grueso del dinero sigue entrando entre el puente de noviembre y Reyes. Lo demás sirve para que las naves no estén cerradas seis meses y para que la plantilla fija no dependa entera de si en febrero heló.</p>
<p>La próxima vez que alguien parta una tableta el 24 por la noche, con la mesa a medio recoger, merece la pena mirar el sello del envoltorio dos segundos. Detrás de esos veinte gramos de pasta que se deshacen hay una flor de almendro que aguantó el frío en febrero, un molino de piedra girando en octubre y un pueblo entero apostando el año a seis semanas.</p>
]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>Cuatrocientas hectáreas entre Alboraia y Puçol: ahí cabe toda la horchata que merece la pena</title>
		<link>https://buenobuenobueno.com/chufa-valencia-horchata-huerta-alboraia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Cardones]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 Sep 2026 09:40:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vino Español]]></category>
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					<description><![CDATA[La chufa con denominación de origen se cultiva en un puñado de pueblos de l'Horta Nord, apretados contra la ciudad. Lo que llena la mayoría de los briks viene de mucho más lejos, y se nota nada más darle un trago.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En diciembre, en una cambra de Alboraia, hay un suelo entero cubierto de chufas. No en sacos: extendidas, como si alguien hubiera volcado un camión de canicas marrones sobre las baldosas. Cada mañana, durante casi tres meses, alguien sube y las remueve con un rastrillo de madera para que se sequen despacio y por igual. Si se secan deprisa, se agrietan y amargan. Si se apelmazan, se enmohecen. Tres meses de subir a un desván a mover un tubérculo con un palo, para que en julio alguien se tome un vaso frío en una terraza y diga «qué buena».</p>
<p>Ese desván está a diez minutos en bici del centro de Valencia. Y ahí está el chiste triste de todo esto.</p>
<h2>La denominación de origen más pequeña que has visto</h2>
<p>La Denominación de Origen Chufa de Valencia, con consejo regulador desde mediados de los noventa, ampara el cultivo en un puñado de municipios de l&#8217;Horta Nord: Alboraia, Almàssera, Meliana, Foios, Bonrepòs i Mirambell, Albalat dels Sorells, Vinalesa, Tavernes Blanques, Albuixech, Museros, Puçol y algunos más. Dieciséis pueblos, pegados unos a otros, en una franja de tierra arenosa que va desde el mar hacia dentro y que se recorre entera en un rato de coche.</p>
<p>La superficie plantada ronda las cuatrocientas y pico hectáreas, según los datos que publica el propio consejo. Cuatrocientas hectáreas son cuatro kilómetros cuadrados. Es decir: todo el cultivo protegido de chufa de este país cabría, si lo juntaras, en un cuadrado de dos kilómetros de lado. De ahí salen unos pocos millones de kilos de chufa seca al año, y de ahí sale la horchata que la gente tiene en la cabeza cuando piensa en horchata.</p>
<p>El problema no es el clima ni la plaga. Es que esa arena está entre una ciudad de ochocientos mil habitantes, su puerto, su aeropuerto, sus polígonos y sus urbanizaciones. La huerta de Valencia lleva décadas perdiendo terreno a mordiscos; la Ley de la Huerta de 2018 nació precisamente para frenar eso, y llegó cuando ya se habían comido bastante. Un campo de chufa vale mucho dinero como suelo y poco como campo de chufa. Cada vez que un hijo no quiere seguir, la cuenta sale sola.</p>
<h2>Por qué el brik del súper sabe a otra cosa</h2>
<p>La chufa se cultiva en medio mundo. Níger es el gran productor y exportador mundial, con Burkina Faso, Ghana y Malí detrás, y allí la tierra, el agua y el jornal no cuestan lo que cuestan en Almàssera. La chufa africana llega a Europa a un precio con el que la valenciana no puede competir, y por eso llena buena parte de la horchata industrial, la de las bebidas vegetales y la de la chufa a granel de las tiendas de frutos secos.</p>
<p>No es una estafa: es chufa. Pero es otra chufa. La africana suele venir más grande, más irregular, más fibrosa y menos dulce; la de l&#8217;Horta Nord es pequeña, redondeada, muy pareja de tamaño y con más azúcar propio. Eso se traduce en el vaso de una manera bastante bruta:</p>
<ul>
<li><strong>Cuerpo.</strong> La valenciana da una horchata más densa, que deja poso si la dejas quieta y hay que remover. La otra tiende a quedar más aguada, y la industria lo compensa con espesantes.</li>
<li><strong>Dulzor.</strong> Cuanto menos dulce es el tubérculo, más azúcar hay que echarle por fuera. Un brik muy dulce y plano suele contar su propia historia.</li>
<li><strong>Final.</strong> La buena deja un fondo lácteo y algo tostado. La floja se va a la nada en dos segundos, o deja un punto seco de fibra en la lengua.</li>
</ul>
<p>Ojo con un detalle que despista a todo el mundo: la denominación de origen ampara <em>la chufa</em>, no la horchata. Que un envase diga «horchata» y hasta que diga «valenciana» no garantiza que dentro haya chufa de esos dieciséis pueblos. Lo que hay que buscar es la mención expresa a la chufa de Valencia con su sello, que es cosa del consejo regulador y no del departamento de diseño de la marca.</p>
<h2>El etiquetado, en cuatro casillas</h2>
<p>La horchata española tiene su propia reglamentación técnico-sanitaria desde los años ochenta, y esa norma es la que decide qué se puede llamar horchata, cuánta chufa lleva como mínimo y hasta dónde llega el azúcar añadido. Para el que está delante de la nevera, lo que importa es esto:</p>
<table>
<thead>
<tr>
<th>Cómo se llama</th>
<th>Qué le han hecho</th>
<th>Dónde vive</th>
<th>Cuánto aguanta</th>
</tr>
</thead>
<tbody>
<tr>
<td>Natural o fresca</td>
<td>Nada: chufa remojada, molida y prensada</td>
<td>Frigorífico, sin discusión</td>
<td>Un día o dos</td>
</tr>
<tr>
<td>Pasteurizada</td>
<td>Calor suave</td>
<td>Frigorífico</td>
<td>Semanas</td>
</tr>
<tr>
<td>Esterilizada o UHT</td>
<td>Golpe de calor fuerte</td>
<td>Despensa hasta abrirla</td>
<td>Meses</td>
</tr>
<tr>
<td>Concentrada o en polvo</td>
<td>Le quitan el agua</td>
<td>Despensa</td>
<td>Casi eterna</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Que la natural caduque en dos días no es un defecto de fabricación: es lo que pasa cuando exprimes un tubérculo con grasa y almidón y no lo cocinas. Ese líquido está vivo, fermenta y se corta. Todo lo que hace que una horchata dure seis meses en un estante a temperatura ambiente es, exactamente, lo que le quita el sabor a horchata recién hecha. Por eso los horchateros de toda la vida sacan la del día y se acabó, y por eso la de brik es un producto distinto que resulta que comparte nombre.</p>
<h2>Cómo pedirla sin quedar mal</h2>
<p>En una horchatería de verdad, la pregunta útil no es «¿es natural?» —te van a decir que sí— sino «¿de cuándo es?». Si la respuesta es «de esta mañana», ya está. Mira el vaso: la horchata buena no es blanca de pared, tira a marfil sucio, con un punto beis. Si viene inmóvil y perfectamente homogénea después de diez minutos en la mesa, sospecha. Y si te la dan helada del todo, déjala un minuto, porque el frío extremo tapa el dulzor natural y también los defectos.</p>
<p>Los fartons, para mojar, se inventaron precisamente para eso: pan alargado y esponjoso que absorbe sin deshacerse. Es el único caso de bollería diseñada como herramienta de ingeniería.</p>
<p>La próxima vez que te tomes una en Alboraia, piensa que el campo de donde salió está a un paseo de donde estás sentado, que alguien pasó tres meses del invierno subiendo a un desván a mover chufas con un rastrillo, y que ese paisaje entero cabe en cuatro kilómetros cuadrados rodeados de rotondas. Se bebe distinto.</p>
]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>¿Son españolas las lentejas que compro en el súper?</title>
		<link>https://buenobuenobueno.com/son-espanolas-las-lentejas-del-super/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Cardones]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Sep 2026 07:12:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vino Español]]></category>
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					<description><![CDATA[La respuesta corta es que casi nunca, y el primer proveedor está a seis mil kilómetros. Qué dice de verdad el saco, qué protegen la IGP de La Armuña y la de Tierra de Campos, y en qué se nota una pardina nacional dentro de la olla.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Casi nunca.</strong> La mayor parte de las lentejas que se comen en España vienen de fuera, y el primer proveedor con diferencia es Canadá, seguido de Turquía y Estados Unidos. Lo nacional con apellido es la pardina de Tierra de Campos y la lenteja de La Armuña, las dos con Indicación Geográfica Protegida. En el paquete se distingue mirando el país de origen y la contraetiqueta del consejo regulador.</p>
<p>Uno hace el cocido de la abuela, con su chorizo y su hueso de jamón, y resulta que la legumbre ha cruzado el Atlántico desde Saskatchewan. No es un drama, pero conviene saberlo, entre otras cosas porque cambia el tiempo de cocción.</p>
<h2>¿Cuánta lenteja produce España y cuánta se come?</h2>
<p>Lo que oscila aquí no es el consumo, que lleva décadas bastante plano, sino la cosecha. La lenteja española se siembra en secano —Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón, Andalucía— y un año seco puede llevarse media producción por delante. Por eso el porcentaje que se importa se mueve en una horquilla amplia según el año, y en los malos se acerca a la totalidad de lo que se consume. Las series oficiales de superficie sembrada y producción están en el <a href="https://www.mapa.gob.es/es/estadistica/temas/publicaciones/anuario-de-estadistica/">Anuario de Estadística del Ministerio de Agricultura</a>, y el comercio exterior por país, en Datacomex.</p>
<p>Al otro lado, Canadá juega en otra liga: es el mayor exportador mundial de lenteja, con la práctica totalidad de su superficie concentrada en Saskatchewan, en explotaciones de miles de hectáreas y con una industria de selección y calibrado montada para la exportación (los datos de campaña los publica <a href="https://saskpulse.com/">Saskatchewan Pulse Growers</a> y las series mundiales, <a href="https://www.fao.org/faostat/es/">FAOSTAT</a>). Cuando aquí falta género, el hueco se llena solo.</p>
<h2>¿Por qué dejamos de sembrar lentejas?</h2>
<ul>
<li><strong>Rinde poco.</strong> En secano, la lenteja da una fracción de lo que da un cereal en la misma parcela, y con más riesgo climático.</li>
<li><strong>Es delicada de cosechar.</strong> Planta baja, vainas cerca del suelo, siega complicada y grano que se parte si se aprieta la máquina.</li>
<li><strong>Las malas hierbas.</strong> El catálogo de herbicidas autorizados para leguminosas es corto, y una parcela sucia arruina la partida por impurezas.</li>
<li><strong>El cereal pagaba mejor.</strong> Durante décadas, las ayudas y los precios empujaron a sembrar trigo y cebada donde antes había legumbre.</li>
</ul>
<h2>¿Pardina, laird y rubia castellana son lo mismo?</h2>
<p>Son cosas distintas, y aquí está el lío que más despista en el lineal: <strong>«pardina» es un nombre de variedad, no de origen</strong>. Canadá cultiva lenteja parda pequeña —la clasifica comercialmente como <em>Spanish Brown</em>— y la vende por todo el mundo. Un saco que ponga «lentejas pardinas» en grande puede ser perfectamente canadiense.</p>
<table>
<thead>
<tr>
<th>Tipo</th>
<th>Aspecto</th>
<th>Remojo</th>
<th>Cocción (olla normal / rápida)</th>
<th>Cómo queda</th>
<th>Precio orientativo</th>
</tr>
</thead>
<tbody>
<tr>
<td>Pardina de Tierra de Campos (IGP)</td>
<td>Pequeña, parda, jaspeada</td>
<td>No hace falta</td>
<td>25-35 min / 6-9 min</td>
<td>Entera, piel fina, caldo limpio</td>
<td>4-7 €/kg</td>
</tr>
<tr>
<td>Pardina importada (<em>Spanish Brown</em>)</td>
<td>Igual a la vista</td>
<td>No hace falta</td>
<td>Similar, algo más si el grano es viejo</td>
<td>Aguanta bien; depende mucho de la campaña</td>
<td>2-3 €/kg</td>
</tr>
<tr>
<td>Lenteja de La Armuña (IGP)</td>
<td>Grande, aplanada, verde amarillenta</td>
<td>2-4 h recomendable</td>
<td>35-50 min / 10-15 min</td>
<td>Mantecosa, piel que casi no se nota</td>
<td>6-10 €/kg</td>
</tr>
<tr>
<td>Laird / verde canadiense</td>
<td>Grande, verde uniforme</td>
<td>Sí, varias horas</td>
<td>40-60 min / 12-18 min</td>
<td>Tiende a soltar piel si se pasa</td>
<td>2-4 €/kg</td>
</tr>
<tr>
<td>Roja o coral (pelada y partida)</td>
<td>Naranja, sin piel</td>
<td>No</td>
<td>10-15 min / no conviene</td>
<td>Se deshace: para cremas y dales</td>
<td>2-4 €/kg</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Los precios son de orientación: cambian por tienda, marca y campaña. Los tiempos son con agua sin sal fuerte y sin tomate añadido al principio; el ácido y la sal temprana endurecen la piel.</p>
<h2>¿Qué garantiza de verdad una IGP de lenteja?</h2>
<p>Garantiza tres cosas concretas: que el grano se ha cultivado en la comarca delimitada, que pertenece a las variedades admitidas en el pliego, y que un consejo regulador ha controlado el envasado y ha puesto una contraetiqueta numerada. La <strong>Lenteja de La Armuña</strong> ampara la comarca del norte de Salamanca y las variedades de grano grande tipo armuña y rubia de La Armuña. La <strong>Lenteja de Tierra de Campos</strong> ampara la pardina de la llanura entre Palencia, Valladolid, Zamora y León. Los pliegos y el alcance exacto se consultan en el registro europeo <a href="https://ec.europa.eu/agriculture/eambrosia/geographical-indications-register/">eAmbrosia</a> y en el <a href="https://www.mapa.gob.es/es/alimentacion/temas/calidad-diferenciada/dop-igp/">listado de DOP e IGP del Ministerio</a>.</p>
<p>Lo que no garantiza: ni que esté más rica que otra, ni que sea de la última cosecha. Sin contraetiqueta numerada, la palabra «pardina» o «castellana» en el frontal no compromete a nadie con ningún origen.</p>
<h2>¿Dónde miro el origen en el paquete?</h2>
<ul>
<li><strong>La cara de atrás, letra pequeña.</strong> Busca «Origen» o «Producto de…». Muchos envasadores ponen «Origen: UE / no UE», que traducido quiere decir que mezclan según lo que compren esa campaña.</li>
<li><strong>«Envasado en España» no es «cultivado en España».</strong> Es la trampa más repetida. El domicilio del envasador tampoco dice nada del campo.</li>
<li><strong>Si el envase da a entender España, el origen real tiene que aparecer.</strong> Bandera, paisaje castellano o un «de toda la vida» obligan a declarar la procedencia real del ingrediente principal, por el <a href="https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX:32011R1169">Reglamento (UE) 1169/2011</a> y su desarrollo sobre ingrediente primario.</li>
<li><strong>La categoría comercial (Extra, Primera, Segunda)</strong> habla de calibre, uniformidad y granos defectuosos. De geografía, cero.</li>
<li><strong>La fecha de consumo preferente.</strong> Cuanto más lejos esté, más reciente es el envasado. Importa más de lo que parece.</li>
</ul>
<h2>¿Compensa pagar el triple por una nacional?</h2>
<p>Depende de para qué. Para una crema o unas lentejas con curry, la importada barata cumple sin discusión. Para un guiso en el que el grano tiene que llegar entero al plato y el caldo salir trabado pero limpio, la pardina de Tierra de Campos y la de La Armuña se comportan mejor, y se nota sobre todo en la piel.</p>
<p>Un matiz que vale más que el país: <strong>la lenteja vieja no se cuece</strong>. Un grano almacenado dos o tres años endurece y no hay olla que lo arregle. Antes de culpar al agua de tu ciudad, mira la fecha del paquete y cambia de lote.</p>
]]></content:encoded>
					
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		<item>
		<title>Nuestro bacalao nace noruego, se hace vasco y acaba en un potaje de vigilia</title>
		<link>https://buenobuenobueno.com/nuestro-bacalao-nace-noruego-se-hace-vasco-y-acaba-en-un-potaje-de-vigilia/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Cardones]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Sep 2026 19:25:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vino Español]]></category>
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					<description><![CDATA[El bacalao del pilpil y del potaje se pesca en el Ártico y se cura en salazones de aquí. Contamos la ruta real y cómo distinguir en el mostrador un lomo bien curado de uno hinchado de salmuera.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La primera vez que pregunté en una bacaladería si el bacalao era gallego, el hombre del mostrador dejó el cuchillo, me miró por encima de las gafas y dijo: «Noruego, como Dios manda». Detrás de él había lomos apilados como leña, gruesos, tiesos, de un color entre marfil y paja, con la sal cristalizada en la superficie igual que escarcha. Yo tenía veintipocos años y acababa de descubrir que el plato más español de la Semana Santa venía de un sitio donde no se ha comido una torrija en la vida.</p>
<p>La ruta empieza muy arriba. Cada invierno, el bacalao del Atlántico —<em>Gadus morhua</em>, el de verdad— sube a desovar a las aguas de Lofoten, en el norte de Noruega. Allí lo llaman <em>skrei</em>, que viene a significar «el que camina», porque llega en manada desde el mar de Barents. También sale de Islandia y de las Feroe. Se pesca en pleno invierno, con un frío que corta, y ahí mismo empieza el trabajo: eviscerado, abierto en mariposa, apilado en capas de sal, o colgado al viento en secaderos de madera hasta quedar duro como una tabla.</p>
<p>Ese pescado en salazón viaja. Y donde acaba de convertirse en comida es aquí: en las casas de salazón del País Vasco, de Cataluña y de Portugal, que llevan generaciones comprando pescado ártico, terminando el curado a su gusto, clasificándolo por grosor y despiezándolo con un criterio que no existe en el país de origen. En Noruega no hay pilpil. El pilpil se inventó en una cazuela de barro de Vizcaya.</p>
<h2>Por qué el bacalao es nuestro aunque nade en el Ártico</h2>
<p>Hay una razón muy poco romántica y muy convincente: el calendario católico. Durante siglos, la Cuaresma y los viernes de abstinencia obligaban a comer pescado en un país donde media población vivía a trescientos kilómetros del mar y sin nevera. El único pescado que llegaba a Ávila, a Cuenca o a Jaén en pleno febrero era el que venía curado en sal y aguantaba meses colgado de una viga. De ahí salen el potaje de vigilia, el bacalao al ajoarriero, el bacalao dorado, la brandada, el <em>esqueixada</em>, las croquetas del viernes.</p>
<p>En Bilbao cuentan una historia que ya no se sabe si es verdad o si simplemente merece serlo. Un comerciante llamado Simón Gurtubay pidió a un proveedor «100 o 120» bacaladas. El otro leyó «1.000.120» y le mandó eso. Gurtubay se vio con un almacén imposible y, justo entonces, la guerra carlista puso cerco a la ciudad y se comió hasta la última pieza. Puede que sea leyenda de sobremesa. Lo que no es leyenda es que Bilbao acabó convertida en capital del bacalao sin tener un solo bacalao propio.</p>
<p>La técnica también es nuestra. El pilpil funciona porque la piel y la gelatina del bacalao curado, con aceite templado y movimiento de muñeca, emulsionan hasta formar una salsa amarilla y brillante que no lleva ni harina ni nata ni nada. Es física de cocina inventada aquí, con un producto de allí. La materia prima nunca fue española. El gusto, la mano y el repertorio, sí.</p>
<h2>Cómo saber si tienes delante un buen bacalao curado</h2>
<p>El problema del mostrador moderno es que hay dos productos distintos vendidos con el mismo nombre. Uno es pescado curado en sal durante meses, que pierde agua, concentra sabor y gana textura. El otro es pescado congelado, inyectado o bañado en salmuera durante días para que gane peso y salga barato. Este segundo se reconoce, y se reconoce rápido:</p>
<ul>
<li><strong>El color.</strong> El bien curado tira a marfil, ámbar o pajizo. El blanco nuclear, casi de plástico, es mala señal.</li>
<li><strong>El tacto.</strong> Firme y seco, con la sal en costra. Si suelta agua en la bandeja o cede al apretarlo, está hinchado.</li>
<li><strong>Las lascas.</strong> Un buen lomo se abre en láminas gruesas y nacaradas. El malo se deshace en hebras deslavazadas.</li>
<li><strong>El comportamiento en la sartén.</strong> Si encoge a la mitad, suelta un charco blanco y no hay manera de ligar el pilpil, ese pescado ha vivido más en salmuera que al viento.</li>
<li><strong>El olor.</strong> A mar y a sal limpia. Nada de amoniaco ni de nevera vieja.</li>
</ul>
<h3>Lo que hay que mirar en la etiqueta</h3>
<p>La normativa europea obliga a poner más información de la que solemos leer, y ahí está casi todo:</p>
<ul>
<li><strong>El nombre científico.</strong> <em>Gadus morhua</em> es el bacalao del Atlántico, el bueno para curar. <em>Gadus macrocephalus</em> es el del Pacífico, más barato y de textura menos fina. Y si pone <em>Pollachius virens</em>, eso es carbonero: pescado digno, pero no es bacalao.</li>
<li><strong>La zona de captura.</strong> El Atlántico Nordeste es la <strong>zona FAO 27</strong>, la de Noruega, Islandia y Feroe. La 21 es el Atlántico Noroeste, aguas de Canadá y Terranova.</li>
<li><strong>El curado.</strong> Busca «salado en seco» o «curado en sal» frente a «en salmuera». Los mejores llevan meses de proceso, no días.</li>
<li><strong>El corte.</strong> Lomo para el pilpil y la plancha. Ventresca para guisos untuosos. Migas y colas para croquetas, ajoarriero o revuelto. Las cocochas van aparte y valen su precio.</li>
</ul>
<h2>El último paso lo haces tú</h2>
<p>El desalado no admite prisas ni grifo caliente. Los lomos gruesos piden unas cuarenta y ocho horas en agua fría, en la nevera, con la piel hacia arriba y tres o cuatro cambios de agua. Las migas, con cuatro o cinco horas van servidas. Y antes de cocinar, un truco de mostrador: corta una esquinita y pruébala cruda. Si te sabe a mar y no a salero, está listo.</p>
<p>Ese lomo lleva encima un viaje de meses desde una costa donde nieva en abril hasta una cazuela de barro en Vallecas, en Sanlúcar o en el piso de un español en Berlín que se ha traído la sartén de casa. Llegó siendo un pez del Ártico y se sienta a la mesa convertido en potaje de vigilia con garbanzos y espinacas.</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>De arrancarlas a rifárselas: las uvas españolas que volvieron de entre los muertos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Cardones]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Sep 2026 17:05:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vino Español]]></category>
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					<description><![CDATA[Merenzao, trepat, rufete, bruñal, vijariego negro, callet. Uvas que España estuvo a punto de perder del todo y que hoy firman algunos de sus vinos más buscados. Quién las salvó, cuántas hectáreas quedan y dónde probarlas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Dos socios echando cuentas en Mallorca. Juntan cuatro millones de pesetas, montan una bodega y la llaman, sin más vueltas, 4 Kilos. Uno es Francesc Grimalt, el enólogo que llevaba años en Ànima Negra empeñado en una uva local que casi nadie quería; el otro, Sergio Caballero, que de vino sabía lo justo y de otras cosas bastante. La uva era la <strong>callet</strong>: poco color, poca estructura, ninguna de las virtudes que se llevaban entonces. Es decir, exactamente lo contrario de lo que pedía el mercado.</p>
<p>Aquella apuesta hoy parece visionaria. En su momento parecía una temeridad con nombre de chiste contable.</p>
<h2>Por qué España arrancó sus propias uvas</h2>
<p>La historia se repite de Galicia a Baleares con pocas variaciones. Primero llegó la filoxera y hubo que replantarlo todo; en la replantación mandó la productividad, no el matiz. Después, a mediados del siglo XX, se arrancaron a lo bruto las cepas que daban poco, maduraban mal o no coloreaban lo suficiente. Y por si faltaba puntilla, los reglamentos de las denominaciones autorizaron un puñado de variedades y dejaron fuera a las demás, que sobrevivieron donde nadie miraba: en viñas viejas de familia, mezcladas entre otras cepas, sin nombre en la etiqueta.</p>
<p>Cuarenta años después resulta que aquellas uvas descartadas por «flojas» daban justo lo que ahora se busca: vinos ligeros, frescos, de poca extracción y mucho suelo. El descarte se convirtió en tesoro sin que la uva hiciera nada; cambiamos nosotros.</p>
<h2>Merenzao: la delicada de la Ribeira Sacra</h2>
<p>En los cañones del Sil, donde los romanos ya hacían vino en terrazas imposibles, se conserva el <strong>merenzao</strong>. En la zona se le ha llamado también godello tinto, y fuera de España se la conoce mejor por otros dos nombres: trousseau en el Jura francés y bastardo en Portugal.</p>
<p>Es una uva incómoda: brota pronto, da poco, colorea menos todavía. A cambio, cuando sale bien, produce tintos pálidos, muy aromáticos, de fresa silvestre y monte, con esa acidez que te empuja a servir otra copa. Está amparada en la <strong>DO Ribeira Sacra</strong>, que ronda las 1.500 hectáreas en total repartidas entre bodegas minúsculas. Del merenzao sale una parte pequeñísima de esa cifra. Si quieres verlo embotellado solo, Adega Algueira lleva años haciéndolo y Ronsel do Sil lo firma en su <em>Alpendre</em>.</p>
<h2>Trepat: mil hectáreas y prácticamente nadie más en el mundo</h2>
<p>El caso del <strong>trepat</strong> es distinto porque nunca llegó a estar en peligro de muerte, sino de aburrimiento. Durante décadas fue la uva del rosado de toda la vida y del cava rosado, siempre en papel secundario. La <strong>DO Conca de Barberà</strong>, en Tarragona, tenía unas 2.875 hectáreas de viña en 2020, y alrededor de 1.000 son de trepat. Fuera de esa comarca apenas hay plantaciones en el planeta.</p>
<p>Lo que cambió fue la cabeza de los viticultores: a alguien se le ocurrió vinificarlo en tinto, sin maquillaje, y salió un vino pálido, de fresa y granada, con muy poca graduación y una acidez que se bebe sola. Carles Andreu, Succés Vinícola con su <em>La Cuca de Llum</em> o Josep Foraster son buenas puertas de entrada. Enfríalo un poco. Se agradece.</p>
<h2>Rufete y bruñal: el fino y el bruto de la raya de Portugal</h2>
<p>La <strong>DOP Sierra de Salamanca</strong> es de las zonas más desconocidas de Castilla y León: en toda la comarca hay unas 400 hectáreas de viña y solo unas 90 están amparadas por la denominación. Noventa. Un barrio pequeño. Ahí manda el <strong>rufete</strong>, uva de piel fina y racimo apretado que da vinos delicados, de fruta roja y especia, con taninos suaves. La bodega Cámbrico trabaja 130 microparcelas repartidas en once hectáreas y vinifica por gravedad en una bodega semienterrada, que es el tipo de manía que suele acabar en botellas buenas.</p>
<p>Un poco más al norte, en la <strong>DO Arribes</strong>, entre Zamora y Salamanca y pegada al Duero portugués, sobrevive el <strong>bruñal</strong>. Esta es la contraria del resto: color denso, carga polifenólica alta, tanino especiado, cuerpo de sobra. Estuvo a punto de desaparecer del todo porque rendía poco y se arrancó en masa. La han rescatado bodegas como Bruneo, que trabaja cepas viejas de setenta a ciento veinte años en terrazas de granito, o Ribera de Pelazas. Si alguien te dice que las variedades recuperadas son todas vinillos ligeros, dale una copa de bruñal.</p>
<h2>Islas: vijariego negro y el regreso de la callet</h2>
<p>El <strong>vijariego negro</strong> anda ligado históricamente a El Hierro y busca siempre los rincones frescos, algo que en Canarias se traduce en altura. En Tenerife hay unas 2.000 hectáreas de viña repartidas entre los 50 y los 1.400 metros, sobre suelo volcánico. Viñátigo, en La Guancha, embotella un vijariego negro reuniendo ocho parcelas a distintas alturas: sale un tinto tenso, mineral, con un punto salino que despista a quien espera un tinto español de manual.</p>
<p>Y volvemos a la callet mallorquina, la del principio. Ànima Negra, en Felanitx, maneja unas 34 hectáreas y produce en torno a 350.000 botellas al año; 4 Kilos trabaja unas 16 hectáreas repartidas por la isla. Los vinos de callet tienen ese aire herbal y mediterráneo, ligeros de color, con higo seco y hierbas secas de fondo.</p>
<h2>Cómo dar con ellas</h2>
<ul>
<li>En la tienda, pregunta por la variedad, no por la denominación. Casi todas estas botellas están en el estante de «raro» o directamente escondidas.</li>
<li>Las producciones son cortas de verdad. Si ves una y te apetece, no la dejes para la semana que viene.</li>
<li>Sírvelas frescas, entre 14 y 16 grados. Los tintos ligeros se hunden en cuanto pasan de ahí.</li>
<li>Casi todas piden comida sencilla: unas verduras a la brasa, un arroz de conejo, unas anchoas. No hace falta liarse.</li>
</ul>
<p>Quedan más nombres en la lista de espera: gorgollassa y escursac en Mallorca, mouratón y bastardillo en Salamanca, y decenas de cepas sueltas que aún esperan a que alguien se ponga a hacer papeleo con ellas. En un país que se arrancó a sí mismo media viticultura, cada botella de estas es un viticultor que decidió no hacerle caso al mercado durante veinte años seguidos.</p>
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		<title>Fui a comprar merluza al Mercado de San Miguel y volví con un vermú de doce euros</title>
		<link>https://buenobuenobueno.com/mercados-municipales-madrid-barcelona-comida-de-verdad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Cardones]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Aug 2026 11:40:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vino Español]]></category>
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					<description><![CDATA[San Miguel, San Antón y La Boqueria se llenaron de taburetes y se quedaron sin pescadería. Repasamos qué se perdió por el camino y en qué mercados de Madrid y Barcelona todavía se puede hacer la compra de la semana.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Mi tía Cari bajó del autobús en Sol con el carro de la compra, ese de cuadros escoceses que lleva veinte años aguantando kilos de patata, y se metió en el Mercado de San Miguel a por merluza. Era su primera vez en Madrid en mucho tiempo. Salió media hora después sin merluza, con un vermú de doce euros en el cuerpo y la cara de quien ha entendido algo pero preferiría no haberlo entendido.</p>
<p>«Ahí dentro no venden comida», me dijo. «Venden raciones».</p>
<h2>Un mercado de hierro que dejó de ser mercado</h2>
<p>Lo tremendo es que llevaba razón, y que San Miguel sí fue exactamente lo que ella esperaba. El edificio se levantó en 1916, con estructura de hierro y cristal, el único mercado de Madrid que conserva ese esqueleto completo. Durante décadas fue lo que era: puestos de pescado, carne, fruta y verdura para el vecindario del centro, cuando el centro tenía vecindario.</p>
<p>La reapertura de 2009 lo convirtió en otra cosa. Un mercado gourmet, un patio de degustación, un sitio donde se entra a picar. Hoy no queda dentro una sola pescadería a la que puedas pedir que te limpie una merluza y te la envuelva. Hay ostras abiertas, hay croquetas, hay vino por copas. Todo puede estar riquísimo. Ninguno de esos mostradores sirve para llenar una nevera.</p>
<h2>San Antón y el modelo de las tres plantas</h2>
<p>En Chueca ensayaron una versión más diplomática. El Mercado de San Antón reabrió en 2011 con un reparto que parecía salomónico: planta baja para los puestos de siempre, primera planta para tapas y tiendas, azotea con restaurante y terraza. Sobre el papel, todos ganaban. El vecino compraba abajo y el turista bebía arriba.</p>
<p>La realidad es que las plantas no compiten en igualdad de condiciones. Un puesto de verdura vende margen pequeño sobre producto perecedero y necesita clientela fiel de barrio. Un negocio de cañas y platillos vende margen grande sobre gente que pasa una vez. Cuando el alquiler es el mismo, ya sabemos quién resiste más años. La planta baja de San Antón sigue existiendo, pero con menos puestos de alimentación de los que abrieron.</p>
<h2>La Boqueria, o cuando hay que poner un guardia en la puerta</h2>
<p>En Barcelona el caso llegó antes y llegó más fuerte. La Boqueria, el Mercat de Sant Josep, lleva siglos en La Rambla y desde 1914 bajo su cubierta metálica. Es probablemente el mercado más fotografiado del sur de Europa, y ahí está el problema: se fotografía más de lo que se compra.</p>
<p>Los propios paradistas fueron los que dieron la voz de alarma. En 2015 el Ayuntamiento acabó prohibiendo la entrada de grupos numerosos de visitantes en las horas punta de los viernes y sábados por la mañana, precisamente las horas en que la gente del barrio hacía la compra grande y no podía ni acercarse al mostrador. Se llegó a la situación absurda de tener que proteger un mercado de sus propios visitantes para que siguiera siendo un mercado.</p>
<h2>Lo primero que cae siempre es la casquería</h2>
<p>Hay un orden bastante repetido en estas transformaciones, y quien haya visto cerrar el puesto de su madre lo reconoce enseguida.</p>
<ul>
<li><strong>La casquería.</strong> Callos, mollejas, hígado, manitas. Producto barato, de preparación lenta, que cocina cada vez menos gente. Es el primer mostrador que se apaga.</li>
<li><strong>La pescadería.</strong> Necesita hielo, cámara, limpieza constante y una rotación diaria brutal. Si el mercado pierde clientela fija, el pescado es lo primero que deja de salir a cuenta.</li>
<li><strong>La verdulería y la frutería.</strong> Aguantan más porque el género es más manejable, pero son las que compiten de frente con el supermercado de la esquina y con la compra online.</li>
<li><strong>El pollero, el carnicero y el charcutero.</strong> Suelen ser los últimos en pie, a menudo por pura tozudez familiar.</li>
</ul>
<p>Lo que ocupa esos huecos casi nunca vuelve a ser un puesto de género fresco. Es un taburete alto, una pizarra con la carta y una barra.</p>
<h2>Los mercados donde todavía se hace la compra</h2>
<p>Y ahora la parte buena, porque la hay y es enorme. Madrid y Barcelona tienen cada una más de cuarenta mercados municipales, y la inmensa mayoría no sale en ninguna guía. Ahí es donde todavía se pide vez.</p>
<p><strong>En Madrid:</strong></p>
<ul>
<li><strong>Maravillas</strong> (Bravo Murillo, Cuatro Caminos). De los más grandes de la ciudad y probablemente el mejor sitio de Madrid para comprar pescado sin pedir hipoteca. Pasillos largos, carros por todas partes, cero postureo.</li>
<li><strong>Antón Martín</strong>. Aguantó el tirón mucho mejor que sus vecinos del centro: conserva pescaderías y puestos de fruta, ha metido negocios nuevos sin cargarse a los viejos, y en la planta alta lleva décadas la escuela de flamenco Amor de Dios.</li>
<li><strong>La Paz</strong> (barrio de Salamanca). Sí, es donde está la famosa tortilla de Casa Dani, pero alrededor sigue habiendo mostradores serios de carne, pescado y verdura.</li>
<li><strong>Chamartín, Prosperidad, Guzmán el Bueno</strong> y toda la red de mercados de barrio que nadie fotografía. Justo por eso funcionan.</li>
</ul>
<p><strong>En Barcelona:</strong></p>
<ul>
<li><strong>Santa Caterina</strong>. A cinco minutos andando de La Boqueria, bajo esa cubierta ondulada de cerámica de colores de Miralles y Tagliabue. Mismo barrio, precios de otro planeta y colas de vecinos.</li>
<li><strong>Sant Antoni</strong>. Reabrió en 2018 tras casi una década de obras, con los restos arqueológicos de la muralla a la vista y los puestos de siempre encima.</li>
<li><strong>La Concepció</strong>, en el Eixample, famoso por sus floristerías abiertas de noche y con una parada de género fresco de las buenas.</li>
<li><strong>El Ninot, La Llibertat</strong> (Gràcia) <strong>y el Mercat de Sants</strong>. Mercados de compra diaria, con su rutina y su cotilleo.</li>
</ul>
<p>La regla es fácil de aplicar: si al entrar te ofrecen una copa antes que un número, estás en un patio de comidas. Si oyes «¿quién da la vez?», estás en un mercado.</p>
<p>A mi tía Cari la llevé al día siguiente a Maravillas. Salió con merluza, con un kilo de bacalao para el Viernes Santo y con una conversación de veinte minutos con el pescadero sobre el precio de la gamba blanca. El carro de cuadros escoceses volvió a Ávila lleno.</p>
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		<item>
		<title>Ocho mejillones y treinta euros: quién decide ese precio y por qué te lo cobra bien cobrado</title>
		<link>https://buenobuenobueno.com/ocho-mejillones-treinta-euros-quien-pone-el-precio/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Cardones]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Aug 2026 09:12:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vino Español]]></category>
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					<description><![CDATA[Una lata de conserva gallega puede costar lo mismo que una cena. Detrás del precio hay un número impreso en la tapa, una costera que dura tres meses y unas manos que trabajan pieza a pieza.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La escena es una tienda de ultramarinos de esas con el suelo de terrazo y el mostrador de mármol. Mi cuñado coge una lata de mejillones, le da la vuelta, mira la etiqueta y se queda con la cara de quien acaba de ver la factura de la luz. Treinta y algo. Deja la lata en la estantería con mucho cuidado, como si fuera a explotar, y coge otra de tres euros. «Es lo mismo, ¿no?». La dependienta, que llevaba veinte minutos colocando cajas sin decir palabra, levanta la cabeza y suelta: «Mire el número de la tapa».</p>
<p>Ahí empezó todo. Porque en ese número está casi toda la respuesta.</p>
<h2>El número que nadie mira</h2>
<p>En las conservas de marisco, la cifra que aparece en la etiqueta con forma de quebrado (6/8, 8/12, 12/16, 16/20, 20/25) no es un código de fábrica ni una fecha rara. Son las piezas que vas a encontrar dentro de la lata. Seis a ocho mejillones. O veinte a veinticinco. El envase es el mismo, el peso neto es prácticamente el mismo, el precio no se parece en nada.</p>
<p>Y va al revés de lo que dice la intuición: <strong>cuantas menos piezas, más caro</strong>. Porque menos piezas significa piezas más grandes, y las piezas grandes escasean. Un mejillón de calibre 6/8 no se fabrica: se espera. Ha estado colgando de una batea el tiempo que le ha dado la gana, engordando o no según la temperatura del agua y la comida que haya llevado la ría ese año.</p>
<p>Una lata estándar de mejillones en escabeche ronda los 110-120 gramos netos, de los cuales escurridos te quedan unos 65 o 70. Ese es el material real. Si dentro hay veinticinco bichos, cada uno pesa poco más que una moneda. Si hay seis, estás delante de otra cosa.</p>
<h2>Lo que se pierde por el camino</h2>
<p>El mejillón gallego que lleva el sello de la denominación de origen sale de las bateas de las rías, esas plataformas de madera flotante de las que cuelgan las cuerdas. Galicia tiene más de tres mil. Es el primer molusco de España que consiguió denominación de origen protegida, y no fue por capricho: la mezcla de agua dulce de los ríos con la entrada de agua fría del Atlántico convierte esas rías en un comedero difícil de replicar.</p>
<p>Ahora hagamos la cuenta que nadie hace. Compras un kilo de mejillón vivo. Ese kilo incluye concha, agua y todo lo que no te vas a comer. Lo cueces, lo abres, sacas la carne y lo que queda en el plato no llega a la cuarta parte del peso inicial. Después hay que descartar los rotos, los pequeños, los que se han abierto mal. Para llenar una lata de calibre grande hay que pasar por delante muchísimo mejillón que no da la talla.</p>
<p>Añade que el descabezado, el limpiado de la barba y la colocación dentro de la lata siguen haciéndose a mano en las casas buenas. Alguien coloca las piezas una a una, en abanico, para que al abrir la lata la cosa tenga sentido. Eso son minutos de una persona por cada envase. Multiplica por un salario y verás aparecer una parte del precio.</p>
<h2>La anchoa, que es todavía peor</h2>
<p>Si el mejillón te parece caro, la anchoa del Cantábrico es un caso de estudio. El bocarte se pesca en la costera de primavera, una ventana de unos pocos meses al año. Fuera de ahí no hay materia prima, por mucho que la fábrica esté montada y la gente cobrando.</p>
<p>Lo que llega se descabeza y se eviscera a mano, se coloca en barriles con sal en capas y se le pone un peso encima. Y ahí se queda. Meses. Entre medio año y un año, según la casa y según cómo vaya madurando la carne. Alguien tiene que ir mirándolo, cambiando la salmuera, decidiendo cuándo está.</p>
<p>Después llega el <em>sobado</em>, que es la parte que hay que ver una vez en la vida. Mujeres —porque históricamente son mujeres, y en muchas fábricas de Santoña, Laredo o Colindres lo siguen siendo— con un paño, quitando la piel a mano, separando los dos lomos, sacando cada espina con unas pinzas. No hay máquina que lo haga bien. Lo intentaron y el filete sale destrozado.</p>
<p>Del kilo de bocarte fresco que entró por la puerta sale aproximadamente un tercio en filete limpio y presentable. El resto es cabeza, tripa, espina, piel y descarte. A eso súmale la merma de la sal durante los meses de maduración.</p>
<h2>La lata de tres euros también tiene su explicación</h2>
<p>Ojo, que aquí no venimos a despreciar la conserva de supermercado. La lata barata funciona con otra lógica y la cumple de sobra: calibre pequeño, proceso mecanizado, materia prima que muchas veces viene de fuera —Chile es una potencia mundial en mejillón enlatado y lo hace más que dignamente—, aceite de girasol o «aceite vegetal», y un escabeche que cumple. Para un arroz, para una ensalada de verano, para el aperitivo del martes, va perfecta.</p>
<p>Las diferencias concretas están en cuatro sitios:</p>
<ul>
<li><strong>El calibre.</strong> Veinticinco piezas diminutas frente a ocho piezas de las que se comen en dos bocados.</li>
<li><strong>El aceite.</strong> Girasol contra oliva virgen extra, con la diferencia de coste por litro que todos hemos sufrido en la compra estos últimos años.</li>
<li><strong>Las manos.</strong> Cinta transportadora contra personas colocando pieza por pieza.</li>
<li><strong>El tiempo.</strong> Producto que sale de fábrica y se vende, frente a producto que duerme en bodega mientras el escabeche se asienta.</li>
</ul>
<h2>Lo de la bodega no es marketing</h2>
<p>Las casas de conserva buenas guardan el género antes de venderlo, y algunas recomiendan darle la vuelta a la lata cada cierto tiempo para que el aceite reparta. El escabeche va perdiendo agresividad, el vinagre se integra, el pimentón deja de estar por un lado y la carne por otro. Una conserva de un año sabe distinto que una recién hecha, y en muchos casos mejor.</p>
<p>Eso significa dinero parado en un almacén durante meses. Alguien lo financia y alguien lo repercute, que aquí no hay magia.</p>
<p>Mi cuñado volvió a coger la lata cara. La miró otra vez, ahora buscando el numerito. Ponía 8/12. Preguntó si eso era mucho o poco y la dependienta le dijo que para el precio que tenía, estaba bien. Se la llevó. La abrimos el domingo, con vermut, y salieron nueve mejillones que no cabían en una cuchara.</p>
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